sábado, 29 de noviembre de 2025

ARTÍCULO; Sátira de un país


NCC NOTICIAS RD.

En el mar caribe hay un país sufrido, habitado por personas con corazón noble, donde las palmeras bailan con el viento y las guaguas y carros de concho, ayudados por el sonido inconfundible de los motores, suenan más fuerte que los discursos que se producen en el Palacio Nacional de las Sombras. Allí gobierna El Iluminado, un presidente que, según los rumores del pueblo, no gobierna solo con leyes, decretos y manipulación, sino también con un misterioso poder que nadie, durante sus primeros años de mandato, se atrevía a nombrar en voz alta por temor a ser amordazado y desprestigiado por actos de corrupción no comprobables y así matarlos moralmente ante la sociedad, ayudados de la “Justicia Independiente”.

Los más sabuesos del barrio aledaño decían que cada noche en la madrugada, escuchaban pasos ruidosos, y comentaban que al parecer se trataba de que El Iluminado descendía a los sótanos del palacio, estructuras que según los centinelas que hacen guardia día a día y los que han visitado el Palacio de las Sombras, se oyen los pasos del JEFE después de las once de la noche, por lo que cualquier sonido era motivo de esconderse hasta en las mismas sombras del miedo. Pero el Iluminado no necesitaba lámparas para bajar y llevar bajo sus brazos su maletín lleno de contratos de sus amigos, aunque haya dicho que no los tiene. El murmullo generalizado es que siempre que bajaba, los postes de luz de todo el país parpadeaban. La Magia y no precisamente blanca hacía su trabajo.
“¡Miren, miren!”, gritaban los vecinos desesperados cuando el 911 no contestaba, pues el deterioro de este servicio es tan evidente, que otro vecino exclamó: ¿Carajo, y qué es lo que estamos pagando para tanta maldad? Marcopiolo, un anciano con su pachuchei en mano, haciendo bolitas de humo dijo: 
“Eso es que El Iluminado está practicando su magia negra otra vez”.

El metro original se detenía entre estaciones, y el nuevo metro se ha convertido en un tren de fantasmas, aplazándose las fechas de la inauguración, avanzando tan lento que se ha convertido en invisible al igual que la luz. 
El agua salía marrón de las columnas de los metros en construcción y del grifo, las solicitudes de los pasaportes duraban meses, las deportaciones por narcotráfico, la corrupción en el Intrant, Inefi y Educación siguen espantando a la sociedad y hasta las farmacias del pueblo, que cada día son menos, parecían poseídas: los medicamentos desaparecían como si un espíritu se los tragara.

A unas cuadras más abajo, en el edificio que supuestamente era de Seguridad Nacional y brindaba un buen Servicio de Salud, los empleados asustados juraban y juraban sonándoles los dientes haber visto cientos de papeletas caminando por los pasillos. Así mismo las computadoras iluminaban el edificio ya que se encendían solas a medianoche, para poder hacer cientos de transferencias misteriosas las cuales desaparecían.

Cierta noche, un grupo de audaces empleados se reunió a escondidas. Uno de ellos, temblando, asustado y casi sin voz dijo:
—He visto los cofres del Senasa moverse solos… el dinero entra y luego desaparece en el aire.

—Calla —dijo otro—, esos son los impolutos de la corrupción; los del engaño, los del cambio pero para atrás, no te dejes ver que te puedes convertir en preso de confianza.
Al día siguiente todos los funcionarios tenían sus problemas resueltos, camionetas nuevas, apartamentos, celulares último modelo y los hospitales seguían sin medicina, porque también la que promete medicamentos se metió en la magia de la mafia. 
Pero un auditor curioso, pulcro, de aquellos que le echan el pelo al sancocho por su compromiso con su pueblo, trató de rastrear el origen del dinero desaparecido para develar la falta de liquidez de la institución, y al dar un click vio algunas cosas que le llamaron la atención. Nervioso, la grabó rápidamente en la memoria, pero de repente empezó a parpadear el monitor y en la pantalla de la computadora embrujada le salió el siguiente mensaje:
“Gracias por ser tan tonto, iluso y honesto. La salud del país ha sido secuestrada.”
Al día siguiente, el auditor apresurado, molesto y convencido de que ese mensaje lo decía todo, sintiéndose como todo un fracasado por no dar luz a la verdad, renunció y se mudó al campo, no sin antes dar las pocas informaciones que encontró a los medios de comunicación para que inicien el esclarecimiento de lo que había visto, porque el huevo de corrupción era tan grande, que dijo: Me iré a mi pueblito en el sur profundo a criar gallinas, por lo menos mis gallinas pondrán huevos de verdad, además la soga se rompe por lo más fino.
Mientras tanto, las instituciones públicas siguen sumidas en el caos, los empleados ahogados en el calor por el Blackout a nivel nacional, galopaban hacia fuera a sentarse debajo de una mata hasta que llegara la luz, aunque sea embrujada. 

José, con los sudores corriéndoles por el rostro y echándose fresco con un cartón, conversando con sus compañeros fue directo al punto, y dijo: Es que no entienden, la Bruja de la luz se ha encargado de ese Ministerio sin Energía desde hace 5 años, no hay energía en los funcionarios para dar un servicio digno, al menos que les den más presupuesto para mantener al país más apagado.

La Bruja de la luz, una mujer con cabello electrizado disfrutaba dar sus paseos en su escoba voladora y gritar: ¡Luz para el pueblo, factura más cara para todos! y con sonrisa torcida, solo atinaba a decir: Ni para los que viven en la sombra la luz es gratis, ¡¡¡Ohhhh Iluminado!!!, hasta tu apellido te coronó y te dejó oscuro.

El pueblo empezó a sospechar que el hechizo al que había sido sometido, lo que hacía era alimentar al Iluminado a través del caos de los servicios: los apagones, cada gota de agua que faltaba, medicamentos que no llegaban a los pobres, las largas filas en pasaporte, el deterioro sistemático de los servicios institucionales, obras inconclusas, promesas incumplidas y cada acto de corrupción fortalecía su poder.

Pero dijo alguien que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista, y José siempre observador dijo: será que no hay pueblo que lo aguante. 
Pero como en todo cuento hay una rebelión y un final, más si es de Magia Negra,
un día, el pueblo, cansado de soportar los hechizos del Iluminado se lanzó a las calles y con velas en manos oraban para romper el hechizo al que habían sido sometidos, pidiendo el restablecimiento de todos los servicios dañados por el iluminado y sus colaboradores.

Ese día de rebelión del pueblo, se rompió el hechizo y el Palacio de las Sombras desapareció, al igual que el iluminado, el real Palacio volvió a brillar y el país volvió a aferrarse a la esperanza del desarrollo, la estabilidad y de la justicia verdadera. 
NO MÁS por favor, que mañana sea el 2028.

Autor: Roger De Los Santos
28/10/2025

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